Los extraños modelos de negocio de Internet de las Cosas (IoT)

IÑAKI VÁZQUEZ
Profesor del Departamento de Telecomunicaciones
Fundador y CEO de Symplio
@inakivazquez
ivazquez@deusto.es

Adidas Smart Ball
Adidas Smart Ball

En 1874 un grupo de ingenieros franceses construyeron un sistema de sensores para monitorizar de manera remota desde París las condiciones climatológicas y la profundidad de la nieve en el Mont Blanc.
En 2015 un usuario analiza en su teléfono móvil una previsión de las calorías que ha quemado mientras practicaba deporte durante la última hora. Seguidamente sube a su vehículo que le recomienda la mejor ruta conforme al estado del tráfico y las estaciones de servicio más económicas para repostar. Mientras conduce, envía comandos de voz a su refrigerador para que haga un inventario de contenidos, le sugiera posibles platos a cocinar hoy con los ingredientes disponibles, y que supongan un aporte calórico equilibrado. El sistema de calefacción se activa ahora de manera remota en la casa, ya que restan sólo 20 minutos para su llegada. Entre estos dos escenarios han pasado más de 100 años y varias revoluciones tecnológicas. ¿Qué tienen en común todos los productos que toman parte en el segundo escenario?

¿Qué tienen en común Adidas, Ford, Google, Iberdrola, Bosch y Telefónica? Respuesta: todos ellos y muchos más, están trabajando
en crear nuevos productos y servicios alrededor de Internet de las Cosas, rediseñando nuestra relación con los objetos que nos rodean y forman parte de nuestra vida. Si hay una característica fundamental que tiene la visión de los productos conectados a Internet es precisamente lo mejor (y lo peor) de los dos mundos: átomos y bits, o dicho de otro modo, objetos y servicios.

Cuando me toca explicar en clase modelos de negocio para Internet de las Cosas muchas veces trabajamos el ejemplo de Adidas y su Smart Ball (un balón de fútbol con sensores). No porque sea un caso de éxito, sino porque permite jugar, explorar y abrirse a nuevos conceptos.
Un momento, ¿un balón con sensores?. Sí, la Smart Ball recoge información del impacto del chut, velocidad y rotación de la pelota, entre otros datos, y los presenta en su app asociada donde el jugador puede analizarlos, comparar su evolución y competir con otros. En definitiva, «cuantificar» una actividad para medirla de manera objetiva, de este modo gestionarla, y así finalmente mejorarla.
Pero lo mejor es que todos estos datos se pueden llevar a la nube y someterlos a un proceso de análisis, para generar información relevante, valiosa y contextualizada para un determinado cliente, como un club de fútbol profesional. Y en este punto pasamos al dominio de los servicios, donde es posible comercializar «packs de análisis de datos» bajo diferentes modelos de precios y desde la comodidad del sillón y el ordenador, y entrando de lleno en los modelos de negocio de Internet (freemium, pago por uso, suscripción).

La potencia de Internet de las Cosas es que permite «servificar» los productos físicos tradicionales y generar flujos de ingresos basados en la comercialización de dichos servicios, incluso a veces  subvencionando el producto a coste, para reducir barreras de entrada. ¿Os imagináis que una pala de pádel profesional costase la mitad si os vinculáis con la contratación de un año del «servicio de análisis de golpes»? ¿O que os pagaran cada día por vestir una camiseta conectada a Internet que muestra publicidad relevante, contextual y útil a las personas de alrededor? Si hay negocio, no dudéis, lo veremos.

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